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Cuando se usaban los restos de momia como medicina

A lo largo de la historia de la medicina, han surgido numerosas técnicas bastante absurdas de curación que carecen de cualquier base científica. Un buen ejemplo de ello es una loca forma de curación que se extendió por toda Europa durante la Edad Media: Los polvos de momia.

Durante varios siglos, los médicos y curanderos creyeron que las momias tenían efectos curativos. Aproximadamente, esta idea comenzó en el siglo XII, alcanzó su punto álgido a finales de la edad Media, y dio sus últimos coletazos en los siglos XVII y XVIII. A las momias se les atribuían propiedades mágicas y sobrenaturales: Se decía que curaba heridas automáticamente y que soldaba los huesos rotos en cuestión de pocos minutos.

Por supuesto, esta creencia era completamente errónea. Pero, ¿de dónde surgió este malentendido y por qué se popularizó tanto? Lo cierto es que el detonante de todo este asunto fue un simple error de traducción: Los persas eran comerciantes del betún, un líquido negro y viscoso al que se le atribuían también propiedades mágicas y curativas, y al que llamaban en su idioma como "mummia". Cuando los persas vieron por primera vez a las momias egipcias, se dieron cuenta de algo espectacular: Estaban recubiertas de betún, es decir, de su valiosa "mummia".

Lo cierto es que las momias no estaban recubiertas de betún, sino de unas resinas especiales (y bastante similares) que se usaban para mantener el estado de momificación y evitar la degradación del difunto. Sin embargo, los comerciantes persas no se percataron de ello y empezaron a llamar a esa sustancia con el nombre con el que ellos la conocían. Y, por tanto, si su mummia original tenía propiedades milagrosas, la mummia que recubría a las momias egipcias debía de tenerlas también. Así fue como surgió la idea de que las sustancia que recubrían el cuerpo de las momias era curativa.

Sin embargo, el malentendido no quedó ahí: El resto de comerciantes y cazarrecompensas que iban en busca de la mummia confundieron el término y empezaron a aplicarle ese nombre a todo el cuerpo de la momia. Así que, con el tiempo, se acabó usando el término mummia para referirse a la totalidad del cuerpo de las momias. A partir de ahí, el resto de la historia es evidente: Las momias empezaron a adquirir las propiedades sobrenaturales que tenía el betún persa.

Rápidamente, se popularizó el uso de restos de momia como método curativo. Una verdadera fiebre por conseguir momias se extendió entre todos los curanderos de Europa, que convirtieron esta medicina en una muy popular y famosa entre las clases altas. Los cuerpos momificados se trituraban y se molían hasta crear polvos, los cuales eran los que se usaban en los remedios medicinales. Para facilitar su ingestión, estos polvos a veces se mezclaban con vino, miel, agua...

Otras veces, los curanderos eran más directos y aplicaban sencillamente trozos enteros de momias y cadáveres. Otras formas eran crear una pasta negruzca a partir de diversas mezclas para hacerlo más "comestible"...

Por supuesto, una pregunta evidente es: ¿De dónde salían tantas momias? Bueno, cierto es que los saqueadores de tumbas y comerciantes conseguían a menudo momias auténticas, pero otros recurrían a métodos más sucios: Momificaban cuerpos de esclavos, ajusticiados, personajes anónimos o abandonados... De esta forma, los cuerpos momificados de los esclavos sólo se utilizaban para males menores (un leve dolor de estómago, por ejemplo), mientras que las momias de los grandes faraones eran sólo utilizadas para salvar vidas o curar enfermedades muy graves. En definitiva, las momias se convirtieron en todo un negocio.

Esta medicina llegó a gozar de la aceptación de las más altas autoridades. Por ejemplo, se sabe que el rey francés Francisco I de Francia era un usuario habitual de los polvos de momia. En esta época de incultura médica, los polvos de momia fueron uno de los medicamentos más populares (compitiendo con otros tratamientos como la piedra de bezoar, la triaca o el cuerno de unicornio).

Pero no todo fueron halagos para este método de curación. Algunos médicos empezaron a criticarlo y mostraron su descontento con los polvos de momia. Por ejemplo, el cirujano francés Ambroise Paré, uno de los padres de la medicina moderna, criticó ya en el siglo XVI su dudosa funcionalidad. Su actitud crítica respecto a los polvos de momia surgió cuando se enteró de que había un comerciante que vendía momias que había creado él mismo como si fuesen momias de los antiguos faraones egipcios. Esto supuso un gran desengaño para él. El propio Ambroise escribió lo siguiente en sus libros:

"Un día, hablando con Gui de la Fontaine, médico célebre del rey de Navarra, y sabiendo que había viajado por Egipto y la Berbería, le rogué que me explicase lo que había aprendido sobre la momia y me dijo que, estando el año 1564 en la ciudad de Alejandría de Egipto, se había enterado que había un judío que traficaba en momias; fue a su casa y le suplicó que le enseñase los cuerpos momificados. De buena gana lo hizo y abrió un almacén donde había varios cuerpos colocados unos encima de otros. Le rogó que le dijese dónde había encontrado esos cuerpos y si se hallaban, como habían escrito los antiguos, en los sepulcros del país, pero el judío se burló de esta impostura; se echó a reír asegurándole y afirmando que no hacía ni cuatro años que aquellos cuerpos, que eran unos treinta o cuarenta, estaban en su poder, que los preparaba él mismo y que eran cuerpos de esclavos y otras personas. Le preguntó de qué nación eran y si habían muerto de una mala enfermedad, como lepra, viruela o peste, y el hombre respondió que no se preocupara de ello fuesen de la nación que fuesen y hubiesen muerto de cualquier muerte imaginable ni tampoco si eran viejos o jóvenes, varones o hembras, mientras los pudiese tener y no se les pudiese reconocer cuando los tenía embalsamados. También dijo que se maravillaba grandemente de ver cómo los cristianos apetecían tanto comer los cuerpos de los muertos."

A pesar de las numerosas críticas de médicos como Ambroise Paré, este remedio medicinal se siguió extendiendo y cada vez tenía mayor fama. Sus detractores no gozaron de reconocimiento y en la mayoría de los casos eran ignorados.

Otro personaje importante que se mostró en contra fue el famoso escritor español Benito Jerónimo Feijoo, quien escribió lo siguiente entre los siglos XVII-XVIII, cuando esta medicina estaba en sus últimos momentos de vida:

"El que la mumia, aun siendo legítima y no contrahecha, tenga las virtudes que se la atribuyen, es harto dudoso. Unos dicen, que los árabes la pusieron en ese crédito. Gente tan embustera merece poco, o ningún asenso, especialmente si los que acreditaron la mumia hacían tráfico de ella. Otros dicen, que un médico judío, maliciosa e irrisoriamente fue autor de que estimásemos esta droga. Peor es este conducto que el primero; pero como tal vez sucede lo de salutem ex inimicis nostris, la experiencia en materias de medicina, pronuncia sus sentencias con tanta obscuridad que cada uno las entiende a su placer. El célebre Ambrosio Pareó se fundó en la experiencia para condenar esta droga por inútil."

Si leéis con detenimiento el fragmente anterior, podréis ver que esas críticas las hace en base al racismo y a su religión (cristiana). Acusa a los árabes y a los judíos de ser los responsables y, por tanto, determina que es un remedio falso. Estas declaraciones, por tanto, no tendrían mucho mérito a primera vista. Sin embargo, el discurso de Feijoo se hace mucho más interesante en el siguiente fragmento, en el que desmonta científicamente la validez de esta pseudociencia:

"Algunos quieren que aún la mumia, en el último sentido que le hemos dado arriba, tenga sus virtudes. Yo creo, que un cadáver desecado por intenso calor del sol, es duplicado cadáver; esto es, destituido no sólo de aquella virtud que se requiere para las acciones humanas, más también de las que es menester para los exercicios médicos. Es preciso que el sol haya disipado todos sus aceites y sales volátiles: echados estos fuera, ¿qué cosa digna de mucha estimación se puede considerar que quede en aquella tierra organizada? Los cadáveres habían de servir para el desengaño, y los droguistas los hacen instrumentos de la ilusión "

Y es que, al fin y al cabo, la idea de curar con polvos de momia es una locura tan grande como puede ser la de intentar curar con agujas o con agua...

Fuentes

Intimidades de la Historia - Carlos Fisas (Ed. Planeta)
El polvo de momia - Amigos de la Egiptología
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El síndrome de Tourette

El 30 de octubre de 1857 nacía en el pequeño pueblo francés de Saint-Gervais-les-Trois-Clochers un chico llamado Georges Gilles de la Tourette, el cual estaría destinado a convertirse en un importante neurólogo. Durante toda su carrera médica, Tourette estudió diversas enfermedades relacionadas con la histeria, los problemas psicológicos e incluso algunas ramas no tan científicas (aunque bien vistas en aquellos tiempos) como el mesmerismo. Sin embargo, si por algo se recuerda a día de hoy a Tourette, es por su más famoso estudio, de nombre homónimo: El síndrome de Tourette.

Este trastorno neurológico consiste en una serie de movimientos involuntarios y sonidos bruscos realizados de forma repentina o incontrolada. El paciente que padece esta enfermedad es incapaz de detener estos tics, pudiendo llegar a presentarse casos bastante graves en los que se es prácticamente incapaz de andar, escribir o mantener una conversación.

Además de estos tics, muchos enfermos también desarrollan muchas otros problemas: Por ejemplo, trastornos obsesivos-compulsivos, en los cuales el afectado tiene la necesidad de hacer algo obligatoriamente y de forma repetitiva; déficit de atención, en los cuales el individuo tiene dificultades para concentrarse y se distrae fácilmente; trastornos de sueño, en los cuales se es incapaz de dormir o se tienen dificultades para ello...

Es una enfermedad rara y muy poco común. De hecho, por cada mil personas, sólo lo presentan una media de 1-10 individuos. Además, de esa pequeña proporción que padece la enfermedad, la mayoría está formada por niños o adolescentes, generalmente menores de 18 años. Por otra parte, afecta con mucha más frecuencia a los hombres que a las mujeres, por lo que se puede decir que la enfermedad ataca a un grupo de la población bastante específico (aunque, por supuesto, puede haber excepciones).

Pero dejemos la teoría a un lado y veamos un ejemplo de la enfermedad. En el siguiente vídeo se puede observar un claro caso (grave) del síndrome de Tourette:



Este vídeo (motivo de bromas injustas en internet durante largo tiempo), formaba parte de una entrevista de 1974 por parte de la Televisión Nacional de Chile a un chico que padecía el síndrome de Tourette. En él, podemos observar otra característica muy interesante que sólo se observa en los casos más graves de la enfermedad: La coprolalia.

Este trastorno consiste en la tendencia a decir obscenidades y a insultar sin ninguna capacidad de autocontrol. Esto puede llegar a ser totalmente incontrolable, como se puede observar en el vídeo. Por suerte, la coprolalia es una consecuencia bastante rara del síndrome de Tourette, y sólo afecta al 10% de los enfermos.

A lo largo de la historia, numerosos personajes famosos han padecido el síndrome de Tourette. Por ejemplo, se cree que Mozart, Napoleón, Moliére o Pedro I de Rusia tuvieron esta enfermedad.

Pero, ¿cuáles son sus causas? ¿Y existe alguna forma de curarlo o dura toda la vida?

Lo cierto es que, respecto a la primera pregunta, no hay una respuesta determinante. Está claro que tanto los factores genéticos como los ambientales (el peso, por ejemplo) están involucrados. Los estudios científicos creen que en la mayor parte de las ocasiones, esta enfermedad se hereda, pero todavía sigue siendo un misterio cómo lo hace y qué genes son los responsables. Un enfermo del síndrome de Tourette tiene el 50% de probabilidades de transmitir este trastorno a sus hijos.

Algunos de los responsables del síndrome de Tourette son ciertas anormalidades en algunas áreas del cerebro y los circuitos que las conectan (véase la imagen de la izquierda). Entre ellos, se encuentra el mal funcionamiento de los ganglios basales, lóbulo frontal y de la corteza cerebral... También influyen algunos neurotransmisores con un funcionamiento anormal, como el exceso de dopamina.

Sea como sea, las investigaciones están en marcha para descubrir con todo lujo de detalles a los responsables. Lo que sí se conoce mejor es la forma en la que se desarrolla esta enfermedad y cómo avanza con el tiempo:

Al parecer, la edad se ocupa de disminuir el problema y no se suelen necesitar medicamentos en la mayoría de los casos. Según se va dejando atrás la adolescencia y se va entrando en la fase adulta, el síndrome de Tourette acaba por desaparecer casi por completo. Además, no tiene efectos secundarios: No reduce la esperanza de vida, el coeficiente intelectual sigue intacto... Es decir, no es degenerativa.

En los casos más graves, se pueden utilizar medicamentos, pero su utilidad no es demasiado buena: Sólo paraliza determinados tics, ya que el síndrome de Tourette provoca una gran variedad de tics diferentes entre sí y no hay una vacuna universal para todos; y, de forma general, los medicamentos dejan efectos secundarios.

De todas formas, la enfermedad es crónica y puede perdurar toda la vida. Los tics pueden aparecer y desaparecer de forma periódica, pero después de los 20 años en la mayoría de los casos los tics se reducen considerablemente o aparecen con menos frecuencia. Por tanto, un enfermo del síndrome de Tourette puede acabar llevando una vida normal sin necesidad de medicamentos, aunque en la infancia puede tener bastantes problemas sociales.

Por supuesto, la intensidad de la enfermedad y los tics pueden ser diferentes en cada persona. Desde los tics más simples (como movimientos de cuello, gemidos, o parpadeos) hasta lo más complejos (saltos, palabras sin sentido, la ya mencionada coprolalia...) van variando según el individuo o la edad.

Otro factor a tener en cuenta en la intensidad de los tics es el estado de ánimo de la persona. Por ejemplo, cuando un afectado del síndrome de Tourette está nervioso o bajo presión, tiene tics mucho más fuertes o se repiten con más frecuencia. Por el contrario, si está tranquilo o muy concentrado en una actividad, los tics desaparecen momentáneamente o se desarrollan con menos frecuencia.

A día de hoy, numerosos científicos trabajan para solucionar estos problemas e integrar mejor a los chicos que padecen la enfermedad, ya que sufren una importante discapacidad social y pueden tener un aislamiento discriminatorio, llegando a afectar gravemente a las relaciones personales.

Fuentes

Síndrome de Tourette - NINDS
Causes and origins of Tourette syndrome - Wikipedia (English)
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La lucha contra los mosquitos

A día de hoy, es de sobra conocido el peligro de los mosquitos contra los humanos. Portadores de enfermedades como la malaria, la fiebre del Dengue, la fiebre amarilla, o la filariasis, estos pequeños animales son responsables de una enorme cantidad de muertes. Principalmente, los continentes subdesarrollados como África o Sudamérica sufren duramente estas enfermedades y tienen peor acceso médico para evitar el contagio.

Por supuesto, a más de uno se le ha pasado por la cabeza exterminar a la especie para evitar estas muertes. Sin embargo, esta opción sería un grave golpe contra la naturaleza (sin contar la dificultad y dinero necesarios para llevar a cabo esa tarea), por lo que prácticamente está descartada.

Los mosquitos suponen una gran fuente de alimentos para aves, arañas, ranas y otros animales como los murciélagos. También actúan como polinizadores de una gran variedad de plantas, por lo que su acción en la vida terrestre es importante. Además, exterminarlos sería un proceso lento y costoso.

Para encontrar una solución alternativa al genocidio de los mosquitos, los científicos plantean diversas opciones que podrían acabar con las enfermedades y al mismo tiempo mantener a salvo a las distintas especies de mosquitos. Si descartamos cualquier opción que consista en eliminar a la especie, podemos encontrar principalmente cinco grandes posibilidades que abrirían el camino a una eliminación de enfermedades transmitidas por mosquitos:

1- Infectarlos con la bacteria Wolbachia

Los investigadores de la Universidad de Queensland proponen infectar a los mosquitos de la especie Aedes aegypti (portadores del virus del Dengue) con una bacteria especial llamada Wolbachia. Esta bacteria, que afecta a una gran cantidad de insectos, reduce notablemente el tiempo de vida de los mosquitos a los que infecta. De hecho, puede llegar a matarlos cuando están en el hemisferio de su vida.

¿Y dónde está la importancia de esta reducción de vida con respecto a la transmisión del Dengue? El factor clave reside en el hecho de que, normalmente, estos mosquitos transmiten la enfermedad en la segunda mitad de su vida. Por tanto, podrán continuar la especie pero el número de contagios de la enfermedad hacia los humanos se reduciría drásticamente.

Además de ello, la Wolbachia hace que el mosquito tenga menos capacidad para ser infectado por otras enfermedades, porque se aprovecha de sus células y limita su capacidad para reproducirse.

2- Utilizar una cepa diferente de la Wolbachia que propague la infección bacteriana

Este segundo método es muy parecido al comentado en el primer punto. Consiste en introducir en los mosquitos una cepa diferente de la Wolbachia menos mortal. Con ella, la pérdida de vida de los mosquitos sería menor y tendrían más capacidad para reproducirse. ¿Cuál es el objetivo que se persigue con la reproducción de los mosquitos? La respuesta es sencilla: Propagar la bacteria aún más.

La Wolbachia se transmite de forma heredada, ya que es capaz de sobrevivir en los óvulos de la madre (aunque no en el esperma de los machos). Por tanto, toda la descendencia de una hembra infectada por la bacteria estará también infectada desde su nacimiento.

Otro factor que se desarrolla en ocasiones en los mosquitos macho infectados por la bacteria es la incompatibilidad citoplasmática. Esto quiere decir que, en algunos casos, los machos infectados por la Wolbachia sólo son capaces de reproducirse con hembras que también están infectadas, siendo incapaces de reproducirse con las sanas. Teniendo en cuenta que los machos no transmiten la bacteria a sus crías, es otra ventaja más, ya que reduce la probabilidad de que existan parejas sanas.

3- Manipulación genética para que sean incapaces de volar

Por todos es conocido que los mosquitos sólo chupan la sangre (y, por tanto, transmiten enfermedades) cuando son hembras. Como son ellas las principales transmisoras de la enfermedad, una gran solución para detener su propagación es modificar genéticamente a las hembras para que sean incapaces de volar.

Este cambio genético, además de reducir de forma importante el riesgo de picadura a los humanos, también reduce la vida de las hembras, ya que tienen menos capacidad de defensa. El hecho más importante de esta manipulación consiste en dejar a los machos intactos, para que así puedan reproducirse y extender sus genes y mantener la descendencia de la especie.

Según los investigadores de este proyecto, en cuestión de poco más de un año (6 u 8 meses) después de la puesta en marcha del cambio genético, esta nueva generación de mosquitos sustituiría casi por completo a la generación nativa. La alteración consistiría en modificar el desarrollo de las alas en el sexo femenino, y dejar que la reproducción entre ellos hiciera el resto.

4- Vacunas contra la malaria que se transmiten mediante la picadura de mosquitos

Este método estaría destinado para el mosquito de la especie Anopheles, causante de la malaria. El proyecto consiste en intentar modificar genéticamente a los mosquitos para que transmitan la vacuna contra la malaria al mismo tiempo que realizan la mordedura. Los creadores de este estudio están intentando que los mosquitos sean los responsables simultáneamente de transmitir la enfermedad y de curarla.

Concretamente, fueron capaces de alterar las glándulas salivales de un mosquito para que transmitiera la cura contra la Leishmania (una protista responsable de la enfermedad conocida como Leishmaniasis). Cuando este mosquito realizaba la mordedura, el número de anticuerpos de la víctima crecía abundantemente. La exposición continua a la saliva del mosquito provocó un efecto de reforzamiento ante la enfermedad en la víctima. Finalmente, la víctima conseguiría vencer a la enfermedad y salir vencedora de la batalla.

Básicamente, el mosquito se convertiría en una vacuna voladora, que transmitiría la cura de forma natural sin necesidad de ninguna infección (como sí se hacía en los primer casos). Podéis encontrar más información técnica sobre el estudio aquí.

5- Hacer a los mosquitos inmunes a la malaria

El parásito de la malaria humana más importante es el Plasmodium falciparum (el cual podéis ver en la imagen de la izquierda). Este protozoo invade previamente al mosquito durante dos semanas de desarrollo en los intestinos del insecto. Teniendo esto en cuenta, los investigadores de este estudio han planteado modificar genéticamente a los insectos para que produzcan una enzima llamada Akt.

El aumento de la enzima Akt en el intestino de los mosquitos detendría el desarrollo del parásito y aumentaría la inmunidad frente a la enfermedad. Por tanto, el objetivo de esta investigación sería curar a los mosquitos para que éstos no transmitieran la enfermedad a los humanos.

Además, la esperanza de vida de los mosquitos alterados se reduce en un 20%. Por tanto, esta hipótesis conllevaría tres beneficios: Se reduce el número de mosquitos infectados, se reduce el número de parásitos de la malaria, y se disminuye la duración del período infeccioso de los mosquitos.

Conclusiones

Es evidente que las cinco hipótesis que se han planteado en este artículo son todavía proyectos. Todavía falta mucho tiempo hasta que se empiecen a poner en marcha alguna de estas ideas, pero quizás en un futuro alguna de ellas erradique las numerosas enfermedades que padecemos a causa de estos pequeños insectos. Los investigadores de los diferentes estudios ya están planteando la repercusión medioambiental que supondría llevar a cabo alguno de estos proyectos, y están calculando minuciosamente la forma de evitar que mueran más personas sin alterar el medio ambiente.

Supongo que no es necesario decir que todas las pruebas y experimentos están siendo llevados a cabo en unas condiciones de alta seguridad. Todas las modificaciones genéticas se llevan a cabo en laboratorio, así que no hay ningún riesgo de que se produzca un desastre ecológico (ya sabéis que algunos ecologistas parecen estar en contra de cualquier cosa que lleve la palabra "transgénico" o "alteración genética").

Seguro que también me mencionáis como alternativa algo más que evidente: La vacunación hacia los humanos. Este método no lo he tenido en cuenta en esta pequeña recopilación porque supondría un gran gasto económico y, además, los mosquitos no propagan una sola enfermedad, sino una gran variedad (como hemos visto al principio del artículo).

Fuentes

Science Wages War Against Mosquitoes - Popular Science
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Mozart y la viruela

Wolfgang Amadeus Mozart es, probablemente, el músico más influyente y destacado de toda la historia. Compuso cientos de obras y abarcó una buena cantidad de géneros musicales. Pero hoy no hablaremos de su obra, sino de una enfermedad que pudo haber cambiado por completo el mundo de la música.

Todo empezó en el año 1767, cuando el joven Mozart tenía sólo once años. Su padre (Leopold Mozart), a sabiendas del gran talento que Wolfgang encerraba, había decido hace tiempo llevar a su hijo de gira por toda Europa. Poco a poco, Mozart iba ganando reputación y mostraba su talento allí donde fuera. Sin embargo, ese año ocurrió algo inesperado: Enfermó de viruela, una enfermedad mortal y temida por todo el mundo.

Pero... ¿Qué era la viruela? ¿Qué la causaba?

Es una enfermedad infecciosa y, sobre todo, altamente contagiosa. Causada por un virus, se contagiaba rápidamente mediante el contacto directo con un infectado. Es decir, para que el virus pase de un enfermo a alguien sano debe existir algún tipo de contacto entre ellos, no basta con estar en la misma sala y esperar a que el virus haga su recorrido por el aire. Por ejemplo, tocar a un enfermo, entrar en contacto con sus fluídos corporales o simplemente con usar algún objeto que él haya tocado (sábanas, ropa...) son los medios por los que se transmitía el virus. De este modo, cuando surgía un brote de viruela en una población todo el pueblo se contagiaba con rapidez y muy pocos lograban escaparse de ello.

Pero, volviendo al pequeño Mozart, ¿cómo se contagió él? ¿dónde fue atacado por la viruela?

Como alguno ya habrá supuesto, el causante de su enfermedad fueron los largos viajes a los que lo sometió su padre. Por aquellos tiempos, se iba a casar la archiduquesa María Josefa de Austria, hija de la emperatriz María Teresa I. Este acontecimiento real era una oportunidad única para que los músicos demostraran su talento en las numerosas fiestas y celebraciones por la boda. Y Mozart no podía ser menos. Junto con el resto de la familia, su padre se instaló con Wolfgang en un pequeño hostal de Viena.

Sin embargo, la boda no se celebró. Un brote de viruela había despertado fuertemente en Viena y la futura novia María Josefa había muerto a manos de la enfermedad. Este terrible acontecimiento deshizo todas las ilusiones que tenía la familia Mozart en triunfar allí, así que se prepararon para irse. Sin embargo, un poco antes de abandonar el hostal en el que estaban viviendo, Leopold advirtió una cosa: Los tres hijos del casero estaban gravemente enfermos de viruela. Asustado, se marchó de allí todo la rápido que pudo, pero ya era demasiado tarde: Unos días después, su hijo Wolfgang empezó a mostrar síntomas de haber contraído la enfermedad.

La enfermedad de la viruela presentaba diferentes períodos a lo largo de la infección. Al contagiarse, el primer período es el de la incubación. Durante 7-17 días el afectado no siente nada raro. No es contagioso y no hay ninguna forma de saber, a simple vista, si está o no enfermo. Es decir, es el período disimulado, el virus va avanzando sin que nadie lo note.

Pasada esta primera fase, la fiebre hace acto de aparición. Llegando a alcanzar unas temperaturas de 40 grados, el malestar del enfermo es ya evidente. Unos cuatro días después de este período febril, empiezan los síntomas más característicos de la enfermedad: Las erupciones.

Las erupciones se extienden por todo el cuerpo del enfermo en sólo 24 horas, y al poco tiempo estas pequeñas erupciones se van convirtiendo en abultamientos llenos de un líquido espeso y opaco. Estos abultamientos tienen un pequeño agujero en el centro, como si fuera un ombligo. Este es, sin ninguna duda, el período más contagioso y peligroso de la enfermedad.

Al cabo de unos cuatro o cinco días, los abultamientos se convierten en pústulas. Estas pústulas son altas, redondas y firmes. De hecho, los infectados por esta enfermedad siempre decían que en este período se sentían como si tuvieran balines incrustados bajo la piel. Pasadas unas dos o tres semanas desde entonces, se forma una costra en las pústulas y éstas se acaban cayendo. La enfermedad ha terminado.

Por supuesto, no todos finalizan este proceso. De cada diez afectados por la enfermedad, mueren tres de ellos durante el desarrollo de los acontecimientos. Es una tasa bastante alta de mortalidad.

Volvamos otra vez a la vida de de Mozart. Como recordaréis, tras darse cuenta del brote de viruela en Viena, la familia Mozart había abandona rápidamente el hostal. Y Wolfgang, que había contraído allí la enfermedad, no empezó a mostrar los dolores hasta justamente una o dos semanas después de abandonar la ciudad. Este era, efectivamente, el primer período, la incubación.

Leopold y la hermana de Wolfgang escribieron en una carta los síntomas que estaba empezando a desarrollar su querido hijo por aquél entonces:
"Wolfgang se estaba quejando de sus ojos. Noté que su cabeza estaba caliente, que sus mejillas estaban también calientes y muy rojas, pero que sus manos estaban frías como el hielo. Además, su pulso no era normal. Entonces le dimos un polvo negro y lo pusimos en una cama. Durante la noche Wolfgang estuvo muy agitado y por la mañana todavía tenía fiebre (...) Cogió la viruela, por lo que estuvo tan enfermo que no pudo ver nada durante nueve días y tuvo que cuidar sus ojos varias semanas después de recuperarse"
La fiebre, la cual se corresponde con el segundo período, atacó fuertemente a Mozart, que no pudo recuperarse a pesar de los diversos tratamientos que le aplicaron. Pero un síntoma muy curioso mencionado en la cita anterior es la pérdida de la visión. ¿Por qué dejó de ver? ¿En qué afectaba esta enfermedad a la visión? La respuesta es sorprendente: Aunque una de las consecuencias de la viruela era una leve ceguera, todo apunta a que los párpados de Mozart se llenaron tanto de erupciones y pústulas que apenas podía abrir los ojos.

Después de esta aterradora experiencia, Mozart acabó saliendo victorioso de la enfermedad, logró sobrevivir a ella. Las secuelas no fueron demasiado graves: Las marcas en la piel que muchos supervivientes de la viruela sufren no se presentaron en Mozart, pero durante varias semanas mantuvo el problema con la visión, ya que uno de los mayores focos de erupciones de la enfermedad es la parte superior de la cabeza.

Sea como sea, Wolfgang fue un chico con suerte. En aquella época la viruela mataba a miles de personas y el contagio era increíblemente alto. No fue hasta el finales del siglo XVIII y principios del XIX cuando por fin se logró encontrar la vacuna contra la viruela. En la época en la que Mozart fue infectado, únicamente existía una "prevención" conocida: La inoculación.

En realidad, este tratamiento más que preventivo a veces suponía la muerte del paciente. La inoculación se basaba en la existencia de cepas de viruela más "blandas" y leves, conocidas como "viruela menor". Pasar este tipo de viruela es mucho más fácil y conlleva menos riesgos. Cuando alguien se quería prevenir de coger la viruela "mayor", el médico tenía que extraer el virus de la viruela menor de un enfermo e inyectárselo al paciente. Evidentemente, aunque este método funcionaba a veces (la viruela sólo se pasa una vez, luego se consigue la inmunidad), era muy inseguro.

El paciente corría muchos riesgos de infectarse con la viruela mayor en vez de con la menor, y buena parte de los que asistían a estos tratamientos acaban muertos. Ante tales situaciones, el método de la inoculación ganó muchos detractores, entre ellos el propio padre de Mozart, que nunca quiso inmunizar a sus hijos:
"Tratan de convencerme de que inocule al niño con viruela. Pero como les he expresado claramente mi aversión a esta impertinencia me han dejado en paz. Aquí la inoculación es una moda. Pero por mi parte dejaré el asunto en manos de Dios. Depende de Su gracia si Él desea mantener el prodigio de la naturaleza en este mundo en el que Él lo ha situado o llevárselo Consigo"
Probablemente, Leopold hizo lo correcto al tomar esta decisión. Y es que, realmente, no hubo forma segura de prevenir al enfermedad hasta que llegó un hombre con la respuesta, Edward Jenner.

Jenner tuvo una magnífica idea: En vez de usar el método de inoculación usando viruela de humanos, usó el virus de la viruela de vaca. Sus experimentos sentenciaron la lucha contra la enfermedad. Le introdujo a un chico la viruela de vaca; días después, el joven empezó a sufrir un pequeño malestar, pero no fue nada grave y se curó pronto. Según Jenner, ese joven no volvería correr riesgo de coger la viruela. Y así lo demostró: Le inyectó la cepa humana y el chico no mostró ningún síntoma. Había resistido al virus que años atrás había matado miles de personas en cuestión de días.

Por fin, había hallado la solución. Jenner creó el término "vacuna" a partir de "variolae vaccine" (viruela vacuna). Con el tiempo, la vacunación se extendió por el mundo entero y para el año 1977 la enfermedad ya se había extinguido en el mundo entero. A día de hoy, las plagas de viruela son sólo una fantasía que no puede ocurrir.

Cabe destacar también que, recientemente, se ha anunciado con cierto toque de sensacionalismo que la viruela vuelve a África. Cierto es que la viruela ha aparecido en humanos de nuevo, no se puede negar, pero no hay que entrar en pánico. En el estudio llevado a cabo se demuestra que esta variante de la viruela ha saltado desde los simios hasta los humanos. Es decir, el simio contagia al humano, pero los humanos no se pueden contagiar entre sí. Por tanto, ahora mismo sigue siendo impensable que una población acabe contagiándose entre sí como ocurría antiguamente. La causa de que algunos afectados estén sufriendo esta enfermedad es porque han comido o han estado en contacto con roedores y simios enfermos. La viruela humana está completamente eliminada.

Además, se cree que esta variante de la viruela aparecida en África sólo tiene un índice de muertes de entre un 1 y un 10 por ciento. Si se aplica la seguridad necesaria y se usa de nuevo la vacuna en caso de que sea más seguro, el problema se solucionará sin ningún inconveniente.

El Mozart del futuro no estará en peligro por culpa de esta enfermedad.

Fuentes

Mozart y la viruela - Wikipedia
Viruela - Wikipedia
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¿Cómo se descubrieron los virus?


Hacia los años sesenta del siglo XIX el famoso químico Louis Pasteur propuso la "teoría germinal de las enfermedades", según la cual todas las enfermedades eran causadas y propagadas por alguna forma diminuta de vida (con el tiempo, se descubriría que los virus no son seres vivos, ya que, entre otras cosas, no se nutren ni se relacionan, sólo se reproducen) que se multiplicaba en el organismo enfermo, pasaba de ese organismo a otro sano, lo hacía enfermar, etc...

Al mismo tiempo, Pasteur estaba trabajando con una enfermedad mortal, la rabia, y descubrió que la enfermedad era contagiosa y podía contraerse por el mordisco de un animal rabioso. Sin embargo, no se veía el germen que causaba esta enfermedad por ningún lado. Pasteur concluyó que el germen sí que estaba allí, pero que era demasiado pequeño para verlo con el microscopio con que trabajaba.

Otras enfermedades contagiosas también parecían carecer de germen, quizá por la misma razón. Un ejemplo era la "enfermedad del mosaico del tabaco", que atacaba a las plantas del tabaco y producía como síntoma un dibujo en forma de mosaico sobre sus hojas. Triturando éstas, se podía extraer un jugo que ocasionaba esa enfermedad en plantas sanas, pero no se veía en él ningún germen con el microscopio.

¿Pero podían los químicos fiarse de sus limitados microscopios? El bacteriólogo Dimitri Ivanovski abordó en 1892 el problema de una forma algo diferente: utilizó un filtro de porcelana sin vidriar que retenía cualquier organismo suficientemente grande para poder verlo con los microscopios de aquella época (resumiendo de una forma más sencilla, en vez de "observar" los virus, intentaba "retenerlos" haciendo pasar por un filtro la planta triturada). Pasó una planta de tabaco infectada a través del filtro y comprobó que el producto filtrado seguía infectando a las plantas sanas. Aunque Ivanovski no tenía seguridad para confirmarlo, con todos estos experimentos ya se empezaba a pensar que realmente había un organismo lo suficientemente pequeño como para no ser captado por los microscopios y, al mismo tiempo, transmitir la enfermedad.

En 1898, el botánico Martinus Beijerinck, sin conocer los trabajos de Ivanovski, hizo el mismo experimento y obtuvo igual resultado. Frente a estos resultados cada vez más claros, decidió que realmente existían partículas infecciosas tan pequeñas que podían pasar por el filtro.

Beijerinck llamó al líquido patógeno "virus", de una palabra latina que significa "veneno". El término fue aplicado más tarde, no al líquido que pasaba por el filtro, sino a las partículas patógenas que contenía.

Beijerínck pensó también que quizá los virus no fueran mucho mayores que las moléculas de agua, así que pensaba cualquier sustancia que dejara pasar el agua dejaría pasar también a los virus.

Esto es lo que decidió comprobar en 1931 el bacteriólogo inglés William Elford. Para ello utilizó membranas con orificios de diversos tamaños. Filtrando los líquidos infectados a través de membranas, encontró que una de ellas tenía unos orificios tan pequeños, que aunque las moléculas de agua pasaban, las partículas de virus quedaban retenidas, contradiciendo así las teorías iniciales de Beijerínk. Elford vio que mientras que el líquido no filtrado transmitía la enfermedad, el agua que pasaba por el filtro ya no la transmitía.

De esa manera se terminó por confirmar la teoría sobre los virus y se logró averiguar su tamaño (eran más pequeñas que las células más pequeñas que se conocían en esos momentos, quizá sólo consistían en unas cuantas moléculas, pero esas moléculas, sin embargo, eran moléculas gigantescas).

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Cien preguntas básicas sobre la ciencia - Isaac Asimov - ISBN 978-84-206-3982-6
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El ojo biónico, posible alternativa para la ceguera


El gobierno de Australia ha presentado hace bien poco un prototipo de "ojo biónico", cuyos responsables esperan que sea capaz de devolver la vista a los ciegos. De ser así, supondrá una gran revolución en el campo de la medicina y la ciencia en general.

En esta iniciativa se han invertido 42 millones de dólares australianos (38'6 millones de dólares estadounidenses) y se tienen grandes expectativas en su desarrollo.

Los científicos explican que el invento se implanta en el globo ocular, permitiendo la visión de la ceguera causada por una condición genética conocida como retinitis pigmentosa.

Cómo funciona

El "ojo biónico" dispone de una cámara, colocada sobre una lente (a modo de gafas), que captura imágenes y las envía a un procesador que puede guardarse en cualquier lugar (por ejemplo, el bolsillo).

El procesador que está implantado en el bolsillo transmite una señal al aparato que hay dentro de la retina, el cual estimula las neuronas vivas dentro de ésta, que a su vez mandan las imágenes al cerebro.


A efectos prácticos y resumiendo de forma esquemática, este invento se basa en una cámara que recoge las imágenes y estimula a las neuronas oculares para que manden la información al cerebro.

No se cree que los portadores del ojo biónico tengan una vista perfecta, pero se espera que puedan ser capaces de distinguir puntos de luz que el cerebro podrá reconstruir en imágenes. Un gran avance, sin duda.

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