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Efecto Forer, el verdadero mecanismo de la astrología

La astrología es, sin lugar a dudas, una de las pseudociencias más extendidas en nuestros días. En cualquier periódico se puede encontrar el horóscopo del día y seguro que la mayoría de nosotros sabemos cuál es nuestro signo del zodíaco. Básicamente, la astrología intenta conocer y predecir el destino de las personas basándose en la posición y el movimiento de los astros. Por supuesto, la astrología carece de cualquier base científica y está considerada como una pseudociencia.

Sin embargo, es muy fácil encontrar gente que cree en su horóscopo y que se toma en serio la astrología. ¿Por qué? Aunque a primera vista parezca algo difícil de entender, el psicólogo Bertram Forer desarrolló y comprobó una teoría que explicaba la gran popularidad de la que gozan los horóscopos.

El efecto Forer (teoría)

Básicamente, podemos resumir esta teoría en una sola línea: Cualquier individuo tiende a aceptar descripciones generales como si fueran exclusivamente suyas. Es decir, transformamos una descripción vaga y confusa en una descripción única que parece estar hecha para cada uno en especial.

Por ejemplo, imaginemos que el horóscopo de hoy dice: "Te sentirás cansado en el trabajo, pero si te esfuerzas te encontrarás ampliamente satisfecho"... Es una descripción que perfectamente podemos tomar como "nuestra", porque ¿quién no se cansa de trabajar? ¿y quién no se siente satisfecho tras haber cumplido sus objetivos? Todos nos sentiremos reflejados y tenderemos a pensar que realmente es algo hecho para nosotros. Nada más lejos de la realidad. Esa descripción simplemente es algo lo suficientemente ambiguo como para que todo el mundo lo pueda tomar como suyo.

Pero, además, este efecto se acentúa cuando una descripción sobre nosotros mismos nos dice algo bueno. Por ejemplo: "A veces te muestras agresivo con tus compañeros, pero en realidad tienes un gran sentido de la amistad"... Nuevamente, ¿quién no se sentirá reflejado aquí? Como la descripción está ofreciéndonos una característica agradable y buena de nosotros, tenderemos a creerla aún más, y si es necesario acabaremos auto-convenciéndonos para que nuestra personalidad se corresponda con el perfil.

Además de las descripciones positivas, también hay más aspectos que potencian el efecto Forer. Por ejemplo, creeremos más en una descripción "individual" que en una general. ¿Qué quiere decir esto? Que si vamos a una echadora de cartas a que nos lea el horóscopo, creeremos mucho más su descripción que si la hubiéramos leído en un periódico. De nuevo, es el efecto de creer que está hecho para cada uno en especial, esta vez potenciado por la experiencia de sentir realmente que esa predicción no va a llegar a oídos de nadie más que a uno mismo.

Otro aspecto que también lo potencia es la autoridad del evaluador. Es decir, si nos dice el horóscopo un astrólogo "profesional" lo creeremos con más intensidad que si nos lo dice nuestro vecino, por ejemplo. La causa es evidente, crea la ilusión de que para preparar un horóscopo se necesita práctica y que no es ningún juego.

El efecto Forer (Práctica)

Todo lo anteriormente comentado no son simples hipótesis propuestas por un audaz psicólogo. Están demostradas con numerosos experimentos, el más famoso de ellos llevado a cabo por el mismo Bertram Forer.

En 1948, Forer le propuso un experimento a sus alumnos: Ellos debían de hacer un test de personalidad y, a partir de sus respuestas, les haría un perfil psicológico a cada uno. Cuando los alumnos le entregaron sus tests, Forer se fue, estudió los resultados y trajo un análisis para cada alumno mostrando sus características psicológicas. Entonces, les dijo que calificaran los resultados en una escala del 1 al 5: Si el profesor había acertado con la descripción, le darían un 5/5, pero si había fallado podían ponerle un 0.

¿Cuál fue la media? Un sorprendente 4.26. Quizás no fuera tan sorprendente, al fin y al cabo Forer era un gran psicólogo y tenía experiencia en estas cosas... Aunque quizás sí fuera estremecedor el hecho de que les había dado el mismo análisis a todos los alumnos. ¡Forer no había mirado ni siquiera los tests de personalidad! ¡Había hecho la descripción psicológica antes de que sus alumnos empezaran a responder al test y le había dado la misma a cada uno!

La descripción que usó Bertram Forer fue la siguiente:

Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que no has aprovechado. Disciplinado y controlado hacia afuera, tiendes a ser preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente; y de no aceptar las afirmaciones de los otros sin pruebas suficientes. Pero encuentras poco sabio el ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser bastante irrealistas.

Forer no cambió ni una sola coma en los análisis que les dio a cada uno de los chicos. Así es como funcionan los horóscopos, dando descripciones vagas que todo el mundo puede tomar como personales. De hecho, la descripción que hizo Forer no la escribió él: Sacó las frases de distintos horóscopos que había recopilado.

Desde ese día, el experimento se ha repetido cientos de veces con diferentes tipos de personas y el resultado es el mismo una y otra vez: De media, los resultados de la evaluación rondan el 4'2 en todas las ocasiones. Prueba más que suficiente para concluir que los horóscopos son un simple engaño.

Y, como no podía ser de otra forma, termino el artículo con una aportación del magnífico Carl Sagan en su serie documental "Cosmos":



Fuentes

Efecto Forer - Wikipedia
Efecto Forer (Efecto Barnum y Validación Subjetiva) - La habitación cerrada
1ª imagen
2ª imagen
3ª imagen
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¿Cuándo empezamos a producir saliva? El perro de Pávlov y el pequeño Albert

Cuando tomamos una comida deliciosa, decimos que la boca "se nos hace agua", empezamos a producir saliva de forma instantánea. Pero no sólo eso, sino que también producimos saliva cuando vemos u olemos una comida, e incluso cuando oímos hablar de ella. ¿Por qué?

El premio Nobel ruso Iván Petróvich Pávlov se interesó por estos fenómenos, y los investigó estudiando a los perros. Sus observaciones eran básicas, y se producía lo que hemos comentado anteriormente: Si pones comida en la boca de un perro hambriento, éste empieza a salivar. Éste proceso era algo normal, era el reflejo de la salivación, pero se dio cuenta de que, al igual que los humanos, los perros también producían saliva cuando veían comida, la olían o incluso cuando su dueño se acercaba a ellos.

Pávlov enseguida se dio cuenta de que esas relaciones de estímulo-respuesta no eran algo innato ¡Era imposible que el perro produjera saliva de forma natural sólo por ver a su dueño! Entonces, a partir de esta incógnita, Pávlov se lanzó a una serie de experimentos que le llevarían a formular su teoría del Condicionamiento clásico. Pero no adelantemos los hechos, vamos a ver en qué consistían sus experimentos.

Antes de empezar con las pruebas, Pavlov les instaló un tubo de cristal en la boca a los perros, donde irían a parar los fluidos salivales (véase la imagen de la izquierda). Entonces, cuando estaba hambriento, le presentó al perro algo de comida y recogieron la saliva producida. En otra ocasión, con el perro nuevamente hambriento, tocaron una campana y recogieron la saliva que produjo. ¿Adivináis los resultados del experimento? Seguro que sí.

La saliva que produjo con la comida fue abundante, y con la campana fue casi nula. Hasta ahí lo lógico, pero ahora empiezan los experimentos interesantes. Pávlov combinó ambos elementos, tocando la campana (lo cual llamaremos "estímulo neutral", ya que no produce respuesta) e inmediatamente dándole la comida (lo cual llamaremos "estímulo incondicionado", ya que produce una respuesta natural). Naturalmente, esta combinación producía saliva debido al estímulo incondicionado.

Después de muchos días repitiendo la combinación, Pávlov volvió a tocar sólo la campana y... ¡Por fin! El perro empezó a producir saliva al oír la campana, aunque no hubiera nada de comida por allí. El estímulo neutro había pasado a convertirse en un "estímulo condicionado" (es decir, un estímulo que "avisa" de la llegada del estímulo incondicionado).



Y gracias a esos experimentos, Pávlov enunció su "Condicionamiento clásico", que técnicamente viene a ser la relación entre un estímulo neutro y un reflejo natural (es decir, el experimento anterior).

Y este condicionamiento clásico lo vemos todos los días, por ejemplo, en la educación de los perros. ¿Qué estamos haciendo cuando premiamos a un perro por defecar en su lugar correspondiente? ¿Y cuando lo felicitamos al hacer un truco o juego que le enseñamos? Todo ello es lo mismo, es el mismo fenómeno.

Ahora bien, ¿este proceso es irreversible? Es decir, cuando el sonido de la campana se convierte en un estímulo condicionado, ¿podemos lograr que vuelva a ser uno neutro? Claro que sí, y este retroceso se conoce como "extinción". Para conseguirlo, simplemente hay que aplicar numerosas veces el estímulo condicionado (el sonido de la campana), pero sin dar después el estímulo incondicionado (es decir, sin dar la comida después).

Y hasta ahí llega el experimento conocido como "El perro de Pávlov". Pero al inteligente lector de este blog seguro que le ha surgido una duda ¿Éste fenómeno se da en los humanos? La respuesta es un rotundo, y prueba de ello es el experimento conocido como "Pequeño Albert".

Pequeño Albert

En 1920, en un experimento de muy discutible sentido ético, los científicos John B. Watson y Rosalie Rayner decidieron experimentar el condicionamiento clásico con humanos. Para ello, escogieron a un niño de 11 meses y decidieron provocarle una fobia mediante este proceso.

El experimento se basaba en mostrarle al chico una rata blanca (un estímulo neutro) y al instante golpear una barra de metal para provocar un ruidoso estruendo (lo cual sería el estímulo incondicionado, ya que hacía llorar al bebé).

Después de varios días insistiendo con esa combinación, el chico mostraba una terrible fobia hacia todo lo que se pareciera a esa rata, como por ejemplo un perro, un conejo o incluso una máscara de Santa Claus (por la barba blanca).

La segunda fase del experimento consistía en quitarle el temor al pequeño Albert, pero por causas desconocidas, los experimentos pararon allí. Se cree que fue la madre del chico la que decidió que se interrumpieran las pruebas.

Sea como sea, los resultados de este experimento fueron bastante obvios: Muchas de las fobias que tenemos en la edad adulta vienen desde la infancia, y son realmente un simple estímulo condicionado, como los mencionados anteriormente.

Ahora bien, este experimento deja un agrio sabor de boca, debido a los problemas morales que presenta. ¿Realmente merecía el pobre Albert esa fobia? En los comentarios os dejo carta libre para que expreséis vuestra opinión, pero yo personalmente opino que este experimento debería haber sido debatido anteriormente para considerar su ética, ya que no hay mucha consideración con el pobre chico.

Por suerte, actualmente la ciencia mejora de una forma sostenible, gracias al correspondiente debate ético que conlleva cada experimento. Ahora, éste experimento no se habría podido realizar, además de que habría supuesto millones de detractores (y con razón). Gracias a una discusión previa analizando lo moral y lo inmoral de las pruebas, a día de hoy se evitan casos como éste, como el caso del pequeño Albert. Como en todas las cosas, lo principal es encontrar un desarrollo sostenible.

Fuentes

-Ivan Pávlov - Wikipedia
-Condicionamiento clásico - Wikipedia
-Pequeño Albert - Wikipedia
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