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¿Es posible desmontar la ufología utilizando sólo la física?


---NOTA: A pesar de que publico esta entrada el 28 de diciembre, os aseguro que no es una inocentada, yo no tengo tanta imaginación ;-) Es un artículo de verdad---

Alrededor del 20% de la población española cree que los alienígenas, montados en sus sofisticados platillos volantes, visitan la Tierra. Como supongo que todos sabréis ya, la ufología sólo es una pseudociencia más y no podemos tomarla en serio. No existe ninguna base científica que la sostenga.

Pero... ¿podríamos usar las armas de la física para desmontar a los ufólogos? ¿Existen herramientas para demostrar de verdad que los OVNIS no van por ahí haciendo turismo por nuestro planeta? Lo cierto es que sí (en su cierta medida), como veremos en el artículo de hoy.

Antes de nada, es necesario dejar claro qué es lo que se conoce como "platillo volante". El término surgió allá por el año 1948 en el Monte Rainier (estado de Washington). Un día, el 24 de junio, el piloto Kenneth Arnold sufrió un suceso aterrador mientras volaba: Nueve artefactos voladores surgieron de la nada frente a él. Aterrado, cuando finalizó su vuelo declaró ante la prensa todo lo que recordaba sobre esas máquinas: Dijo que revoloteaban en el cielo como si fuera un barco en medio de una tormenta en alta mar, y puso como ejemplo de su movimiento el de "un platillo lanzado a través del agua" (una metáfora que, como veremos ahora, sería malinterpretada por la prensa).

Los periodistas y el sensacionalismo hicieron el resto: Se malinterpretaron las declaraciones de Kenneth y se empezó a decir que los artefactos eran naves con forma platillos volantes. Desde entonces, cientos de casos similares son registrados por gentes de diversos lugares del mundo. Según aseguró Kenneth, los platillos volantes se encontraban a 3000 metros de altura y alcanzaban una velocidad de 2000 kilómetros por hora.

Pero dejemos a un lado las declaraciones de Kenneth y vayamos a lo que nos interesa de verdad: ¿Qué tiene la física que decir al respecto?

Las paradojas surgen automáticamente: Uno de los testimonios más repetidos por los testigos del fenómeno OVNI y por las películas de extraterrestres es que los platillos volantes no emiten ningún ruido (o, como mucho, un pequeño silbido o siseo discreto). Esto es, sin ninguna duda, una clara contradicción contra lo que mencionábamos al principio: Que los platillos volantes pueden volar a más de 2000 kilómetros por hora. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que superan la velocidad del sonido (la cual es 1224 kilómetros por hora). Y, cuando un objeto rompe la barrera del sonido, produce una enorme explosión sónica, como ocurre con ciertos aviones:



Poco silencio se puede observar allí. Por muy avanzada que sea su tecnología, los extraterrestres no podrían escapar a esta ley física, y su vuelo debería ser tan ruidoso como el de cualquier cuerpo que alcance esas velocidades (y más teniendo en cuenta que algunos testigos afirman que los platillos volantes vuelan muy bajo).

Otro de los típicos clichés que se les atribuye a los platillos volantes es que giran sobre el propio eje del disco, como se puede ver en el inicio de la película "Mars Attack!" (ver vídeo). Este efecto causaría de forma irremediable una enorme fuerza centrífuga en la nave. Esto significa que sus pasajeros extraterrestres serían desplazados hacia los laterales de la nave y se quedarían allí, como si estuvieran "pegados", debido a la fuerza que se ejercería sobre ellos.

Sin embargo, en las películas de ciencia ficción, los extraterrestres salen por el centro de la nave, aún cuando esta está girando, sin que pase nada. Claramente, es una contradicción más en contra de los platillos volantes.

Otro fenómeno que los testigos afirman siempre ver es que los platillos volantes realizan giros repentinos a enormes velocidades, revolotean sin parar. Lo cierto es que estos movimientos conllevarían nada más y nada menos que la muerte de sus ocupantes. Veamos el por qué.

La fuerza de gravedad en la Tierra ronda una aceleración de 10 metros por segundo cada segundo. A esta fuerza la conocemos como "g". Si aumentamos esta velocidad de aceleración, aumentaremos el número de "g's" que tengamos (por ejemplo, 20 metros por segundo cada segundo serían 2g's, 30 serían 3g's, 40 serían 4g's...). Y como consecuencia, el peso del cuerpo que esté siendo sometido a esas velocidades aumentará por culpa del número de g's (si la gravedad de nuestro planeta es sólo 1 g, imaginad la fuerza que se ejercería sobre nosotros al multiplicar esa fuerza por varias g's).

Y, como explica el físico Sergio L. Palacios en su libro "La guerra de dos mundos", el número de g's que alcanzaría un platillo volante al hacer esos movimientos tan extraños sería enorme:
"Un platillo volante desplazándose a 1080 km/h y que girase repentinamente hacia un lado en ángulo recto a la misma velocidad en una décima de segundo sufriría una aceleración de 300 g’s."
Teniendo en cuenta que el límite de tolerancia de un ser humano ronda los 10 g's, se hace bastante difícil imaginar que los alienígenas puedan alcanzar ese número de g's sin sufrir ningún daño.

Por supuesto, si los alienígenas son capaces de controlar la antigravedad, esta fuerza podría evitarse. Pero, por desgracia, por ahora no tenemos muchas pruebas de que pueda manejarse de esta forma la gravedad y no podemos tomarla como cierta hasta que se demuestre. ¿Es posible que los platillos volantes la controlen? Sí ¿Debemos tenerlo en cuenta en este artículo? Pues, teniendo en cuenta que aquí estamos hablando de la física que conocemos, no es muy acertado introducir una física que ni siquiera sabemos que existe.

Ahora bien, si la física tiene la solución para afirmar que no hay platillos volantes, ¿tiene también la respuesta de por qué se observan tantos avistamientos? Porque, sin ninguna duda, el número de avistamientos de OVNIS no es para nada despreciable: En el año 1952, la Fuerza Aérea de los EEUU llevó a cabo un estudio sobre los platillos volantes y registró casi de 13.000 avistamientos.

Lo cierto es que la mayor parte de estos avistamientos tienen una sencilla explicación, mucho más lógica que pensar en extraterrestres. Además de las evidentes equivocaciones que podemos sufrir al ver meteoritos, aviones o demás objetos volantes, también hay razones físicas naturales que pueden llevarnos a "ver" platillos volantes. Como explica el famoso científico Michio Kaku en su libro "Física de lo imposible", podemos encontrar cuatro fenómenos naturales que explicarían estos avistamientos:

1- La luminosidad de Venus, que es el segundo objeto más brillante en el cielo nocturno después de la Luna. Y es que, una gran parte de los avistamientos se realizan cuando el individuo está conduciendo o viajando en cualquier tipo de transporte. El planeta parece "seguirnos", como si estuviera espiándonos. Esta sensación se produce a causa de la lejanía de Venus: Dado que no podemos compararlo con su entorno, el efecto producido es el de ser presa de una persecución por su parte.

2- Gases empantanados. Cuando pasamos cerca de una zona pantanosa, los gases desprendidos pueden ser ligeramente incandescentes, con el consecuente fenómeno visual que puede ocasionar.

3- Anomalías atmosféricas. La atmósfera terrestre puede producir tormentas eléctricas o distintos fenómenos atmosféricos que pueden ser fácilmente confundibles con un platillo volante.

4- Ecos de radar. Este suceso se da cuando se está intentado localizar OVNIS mediante una pantalla de radar. Un eco aislado, que puede proceder de cualquier de cualquier aparato o máquina, puede ser interceptado por los investigadores y ser confundido con una nave alienígena.

Por tanto, y quitando los numerosos fraudes y casos en los que los testigos simplemente están fingiendo para hacerse famosos, podemos decir que la física da una solución más que aceptable a los avistamientos de platillos volantes.

Está claro que no podemos asegurar que no existen extraterrestres con una tecnología inimaginable, pero algunos de los puntos que comento en esta entrada son argumentos suficientes para demostrar que muchos de los "avistamientos" son errores de los testigos que, influidos por la prensa y las películas, pueden tomar cualquier fenómeno como si fuera un platillo volante.

-- Actualización: Me gustaría añadir un punto muy interesante que comenta nuestro amigo Alejandro en los comentarios: Si intentamos complicar la cosa y suponemos que los platillos volantes tienen un sistema de antigravedad debido a su avanzada física (punto que ya he comentado en la entrada, aunque también se habla de ello en los comentarios), ¿por qué no tienen por ejemplo un sistema de invisibilidad para protegerse de los avistamientos? Por eso, sigo manteniendo la opinión de que no debemos mezclar física "desconocida para nosotros" como la antigravedad en un artículo en el que se habla de física conocida. Gracias por la aportación, Alejandro.

Fuentes

· La guerra de dos mundos: El cine de la ciencia ficción contra las leyes de la física - Sergio L. Palacios - ISBN: 978-84-96924-32-1

· Física de lo imposible - Michio Kaku - ISBN: 978-84-9908-506-7

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Cuando se usaban los restos de momia como medicina

A lo largo de la historia de la medicina, han surgido numerosas técnicas bastante absurdas de curación que carecen de cualquier base científica. Un buen ejemplo de ello es una loca forma de curación que se extendió por toda Europa durante la Edad Media: Los polvos de momia.

Durante varios siglos, los médicos y curanderos creyeron que las momias tenían efectos curativos. Aproximadamente, esta idea comenzó en el siglo XII, alcanzó su punto álgido a finales de la edad Media, y dio sus últimos coletazos en los siglos XVII y XVIII. A las momias se les atribuían propiedades mágicas y sobrenaturales: Se decía que curaba heridas automáticamente y que soldaba los huesos rotos en cuestión de pocos minutos.

Por supuesto, esta creencia era completamente errónea. Pero, ¿de dónde surgió este malentendido y por qué se popularizó tanto? Lo cierto es que el detonante de todo este asunto fue un simple error de traducción: Los persas eran comerciantes del betún, un líquido negro y viscoso al que se le atribuían también propiedades mágicas y curativas, y al que llamaban en su idioma como "mummia". Cuando los persas vieron por primera vez a las momias egipcias, se dieron cuenta de algo espectacular: Estaban recubiertas de betún, es decir, de su valiosa "mummia".

Lo cierto es que las momias no estaban recubiertas de betún, sino de unas resinas especiales (y bastante similares) que se usaban para mantener el estado de momificación y evitar la degradación del difunto. Sin embargo, los comerciantes persas no se percataron de ello y empezaron a llamar a esa sustancia con el nombre con el que ellos la conocían. Y, por tanto, si su mummia original tenía propiedades milagrosas, la mummia que recubría a las momias egipcias debía de tenerlas también. Así fue como surgió la idea de que las sustancia que recubrían el cuerpo de las momias era curativa.

Sin embargo, el malentendido no quedó ahí: El resto de comerciantes y cazarrecompensas que iban en busca de la mummia confundieron el término y empezaron a aplicarle ese nombre a todo el cuerpo de la momia. Así que, con el tiempo, se acabó usando el término mummia para referirse a la totalidad del cuerpo de las momias. A partir de ahí, el resto de la historia es evidente: Las momias empezaron a adquirir las propiedades sobrenaturales que tenía el betún persa.

Rápidamente, se popularizó el uso de restos de momia como método curativo. Una verdadera fiebre por conseguir momias se extendió entre todos los curanderos de Europa, que convirtieron esta medicina en una muy popular y famosa entre las clases altas. Los cuerpos momificados se trituraban y se molían hasta crear polvos, los cuales eran los que se usaban en los remedios medicinales. Para facilitar su ingestión, estos polvos a veces se mezclaban con vino, miel, agua...

Otras veces, los curanderos eran más directos y aplicaban sencillamente trozos enteros de momias y cadáveres. Otras formas eran crear una pasta negruzca a partir de diversas mezclas para hacerlo más "comestible"...

Por supuesto, una pregunta evidente es: ¿De dónde salían tantas momias? Bueno, cierto es que los saqueadores de tumbas y comerciantes conseguían a menudo momias auténticas, pero otros recurrían a métodos más sucios: Momificaban cuerpos de esclavos, ajusticiados, personajes anónimos o abandonados... De esta forma, los cuerpos momificados de los esclavos sólo se utilizaban para males menores (un leve dolor de estómago, por ejemplo), mientras que las momias de los grandes faraones eran sólo utilizadas para salvar vidas o curar enfermedades muy graves. En definitiva, las momias se convirtieron en todo un negocio.

Esta medicina llegó a gozar de la aceptación de las más altas autoridades. Por ejemplo, se sabe que el rey francés Francisco I de Francia era un usuario habitual de los polvos de momia. En esta época de incultura médica, los polvos de momia fueron uno de los medicamentos más populares (compitiendo con otros tratamientos como la piedra de bezoar, la triaca o el cuerno de unicornio).

Pero no todo fueron halagos para este método de curación. Algunos médicos empezaron a criticarlo y mostraron su descontento con los polvos de momia. Por ejemplo, el cirujano francés Ambroise Paré, uno de los padres de la medicina moderna, criticó ya en el siglo XVI su dudosa funcionalidad. Su actitud crítica respecto a los polvos de momia surgió cuando se enteró de que había un comerciante que vendía momias que había creado él mismo como si fuesen momias de los antiguos faraones egipcios. Esto supuso un gran desengaño para él. El propio Ambroise escribió lo siguiente en sus libros:

"Un día, hablando con Gui de la Fontaine, médico célebre del rey de Navarra, y sabiendo que había viajado por Egipto y la Berbería, le rogué que me explicase lo que había aprendido sobre la momia y me dijo que, estando el año 1564 en la ciudad de Alejandría de Egipto, se había enterado que había un judío que traficaba en momias; fue a su casa y le suplicó que le enseñase los cuerpos momificados. De buena gana lo hizo y abrió un almacén donde había varios cuerpos colocados unos encima de otros. Le rogó que le dijese dónde había encontrado esos cuerpos y si se hallaban, como habían escrito los antiguos, en los sepulcros del país, pero el judío se burló de esta impostura; se echó a reír asegurándole y afirmando que no hacía ni cuatro años que aquellos cuerpos, que eran unos treinta o cuarenta, estaban en su poder, que los preparaba él mismo y que eran cuerpos de esclavos y otras personas. Le preguntó de qué nación eran y si habían muerto de una mala enfermedad, como lepra, viruela o peste, y el hombre respondió que no se preocupara de ello fuesen de la nación que fuesen y hubiesen muerto de cualquier muerte imaginable ni tampoco si eran viejos o jóvenes, varones o hembras, mientras los pudiese tener y no se les pudiese reconocer cuando los tenía embalsamados. También dijo que se maravillaba grandemente de ver cómo los cristianos apetecían tanto comer los cuerpos de los muertos."

A pesar de las numerosas críticas de médicos como Ambroise Paré, este remedio medicinal se siguió extendiendo y cada vez tenía mayor fama. Sus detractores no gozaron de reconocimiento y en la mayoría de los casos eran ignorados.

Otro personaje importante que se mostró en contra fue el famoso escritor español Benito Jerónimo Feijoo, quien escribió lo siguiente entre los siglos XVII-XVIII, cuando esta medicina estaba en sus últimos momentos de vida:

"El que la mumia, aun siendo legítima y no contrahecha, tenga las virtudes que se la atribuyen, es harto dudoso. Unos dicen, que los árabes la pusieron en ese crédito. Gente tan embustera merece poco, o ningún asenso, especialmente si los que acreditaron la mumia hacían tráfico de ella. Otros dicen, que un médico judío, maliciosa e irrisoriamente fue autor de que estimásemos esta droga. Peor es este conducto que el primero; pero como tal vez sucede lo de salutem ex inimicis nostris, la experiencia en materias de medicina, pronuncia sus sentencias con tanta obscuridad que cada uno las entiende a su placer. El célebre Ambrosio Pareó se fundó en la experiencia para condenar esta droga por inútil."

Si leéis con detenimiento el fragmente anterior, podréis ver que esas críticas las hace en base al racismo y a su religión (cristiana). Acusa a los árabes y a los judíos de ser los responsables y, por tanto, determina que es un remedio falso. Estas declaraciones, por tanto, no tendrían mucho mérito a primera vista. Sin embargo, el discurso de Feijoo se hace mucho más interesante en el siguiente fragmento, en el que desmonta científicamente la validez de esta pseudociencia:

"Algunos quieren que aún la mumia, en el último sentido que le hemos dado arriba, tenga sus virtudes. Yo creo, que un cadáver desecado por intenso calor del sol, es duplicado cadáver; esto es, destituido no sólo de aquella virtud que se requiere para las acciones humanas, más también de las que es menester para los exercicios médicos. Es preciso que el sol haya disipado todos sus aceites y sales volátiles: echados estos fuera, ¿qué cosa digna de mucha estimación se puede considerar que quede en aquella tierra organizada? Los cadáveres habían de servir para el desengaño, y los droguistas los hacen instrumentos de la ilusión "

Y es que, al fin y al cabo, la idea de curar con polvos de momia es una locura tan grande como puede ser la de intentar curar con agujas o con agua...

Fuentes

Intimidades de la Historia - Carlos Fisas (Ed. Planeta)
El polvo de momia - Amigos de la Egiptología
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Sobre la homeopatía y la universidad

A día de hoy, una de las pseudociencias más extendidas es la homeopatía. Miles de personas creen en la homeopatía y se medican con ella, sin saber lo que están haciendo realmente. Antes de nada, dejemos clara una cosa: ¿Qué es la homeopatía? La homeopatía es una "medicina alternativa" carente de cualquier prueba o base científica. Sus defensores argumentan que la homeopatía funciona así:

En primer lugar, se mezcla una determinada sustancia en una cantidad de agua (concretamente, se suele diluir la sustancia en una proporción del 10%). Entonces, se agitan ambas sutancias hasta formar una mezcla homogénea. A continuación, esta sustancia se vuelve a diluir una y otra vez en cantidades cada vez mayores de agua. Como podéis leer en este magnífico artículo, las mezclas homeopáticas más típicas suelen tener disueltas 1 molécula de principio activo por cada 1030 moléculas de agua. Según los homeópatas, cuando más diluido está un remedio homeopático, más potente es.

Por supuesto, esto es una cantidad miserable de la sustancia inicial en comparación con la enorme cantidad de agua que tenemos. Entonces, si estas cantidades son tan pequeñas e insignificantes ¿en qué se basa la homeopatía? Según parece, el agua tiene memoria, y puede recordar las sustancias que han estado en ella, por lo que actuaría de una forma u otra según el principio activo que introducimos en el primer paso. De esta forma, el agua podría curar determinadas enfermedades gracias a la memoria de las sustancias que han estado en ella.

Evidentemente, esto es una hipótesis falsa, carente de cualquier base científica. Como podemos ver en estudios científicos, su eficacia es completamente nula (o, al menos, es tan eficaz como lo puede ser cualquier otro placebo). Nada mejor que esta cita para demostrar lo ridículo que es:

"Curiosamente, el agua que se ofrece como tratamiento no recuerda las vejigas en que se guardó, ni las sustancias químicas con cuyas moléculas estuvo en contacto, o los otros contenidos de las alcantarillas en las que estuvo, o la radiación cósmica cuyas ráfagas la atravesaron" - Singh, S., & Ernst, E

¿Te parece disparatado? Pues más extraño aún te parecerá otra de las afirmaciones de la homeopatía: Lo similar se cura con lo similar. Es decir, si alguien padece los síntomas de una determinada sustancia tóxica, el elemento que se debe introducir el agua para formar en el remedio homeopático debe de ser el mismo o similar. Por supuesto, esta afirmación también carece de cualquier prueba científica.

Durante largos años se ha especulado sobre su posible eficacia, pero una vez tras otra se acaba demostrando que ninguna prueba la avala. Por ejemplo, en el siguiente vídeo podremos ver el famoso caso Benveniste:



El creador de la homeopatía fue Samuel Hahnemann, quien, en el año 1810, publicó un libro llamado "Organon del arte de curar", la base de la homeopatía. A día de hoy, sus teorías han sido refutadas cientos de veces y la comunidad científica las ha tachado de pseudocientíficas. Sin embargo, en cualquier lugar podréis encontrar una clínica homeopática.

Lo peor de la homeopatía es que miles de timadores están ganando dinero mediante engaños. Y, peor aún, muchísimas personas desesperadas dan la espalda a la medicina oficial y prefieren someterse a tratamientos homeopáticos, lo cual puede llegar a provocar la muerte. Cuando una enfermedad es tratada con homeopatía en vez de verdadera medicina científica, las vidas de los pacientes están en peligro y pueden llegar a morir o empeorar gravemente, como podemos ver en esta desoladora recopilación de personas que han muerto por confiar en los timadores homeopáticos y no hacer caso a la ciencia.

¿Pero por qué hoy estoy hablando sobre la homeopatía? La razón es muy triste: Hace unos días, la universidad de Zaragoza puso en marcha, junto con una empresa homeopática, una cátedra para impartir y divulgar la homeopatía. Por supuesto, esta es una noticia vergonzosa para toda la comunidad de médicos, científicos y para cualquiera con algo de sentido común.

Dicho esto, os copio aquí el manifiesto-iniciativa que ha puesto en marcha el blog "La ciencia y sus demonios", el cual ya está siendo extendido por toda la blogosfera.

Manifiesto por una universidad libre de pseudociencia

Ante la cada vez más abundante proliferación de conferencias, cursos, seminarios y todo tipo de actividades que diferentes corrientes pseudocientíficas están desarrollando dentro del marco de las universidades españolas y latinoamericanas, tendencia que cristaliza en la reciente creación de una Cátedra de Investigación sobre Homeopatía en la Universidad de Zaragoza, los abajo firmantes (científicos, profesores, alumnos y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de manifestar lo siguiente:

La colaboración entre la Universidad y la Empresa, así como con otros organismos y agentes sociales es enriquecedora, productiva y debe ser considerada como una de las prioridades de la política universitaria. Los acuerdos y contratos para la transferencia de resultados de la investigación a la empresa privada pueden representar una importante fuente de financiación para las universidades públicas; los cuales, desarrollados convenientemente, permiten una mayor productividad científica y la optimización de las aplicaciones de tal actividad. Sin embargo, creemos que no es justificable que la Universidad busque vías de financiación a cualquier precio, y aún menos si con ello pervierte su filosofía y fines fundamentales.

La Universidad Pública, como cualquier otro organismo de la administración, debe estar al servicio del ciudadano, manteniendo un contacto permanente con la sociedad de la que forma parte, mediante una comunicación constante que permita la sintonía entre el mundo universitario y las necesidades sociales. Para cumplir estos objetivos, la Universidad debe ser un adalid en lo referente a innovación y a exploración de nuevos caminos para el conocimiento. La Universidad nunca debe ser una estatua, sino una animación en constante movimiento.

No es posible entender la función investigadora y el compromiso social de la Universidad sin la imbricación con su papel fundamental en la formación de ciudadanos libres, capaces de enfrentarse al mundo mediante una mentalidad crítica que les permita escapar de las cadenas de la irracionalidad, la superstición y la ignorancia. Esta función docente, completamente consustancial a la institución universitaria, va más allá de las aulas, al representar la Universidad un referente en cuanto a conocimiento y racionalidad para toda la sociedad.

En este sentido, la Universidad juega un papel muy importante ante el avance que en la sociedad contemporánea están teniendo determinadas corrientes anticientíficas y antirracionales, que pueden suponer un significativo retroceso hacia el oscurantismo y la superstición, algo que se encuentra en el polo opuesto de los objetivos universitarios. Nos preocupa, como universitarios y como ciudadanos, que bien entrado el siglo XXI cada vez prolifere un mayor número de terapias más próximas a la magia que a la medicina, en muchas ocasiones amparadas por instituciones y empresas médicas profesionales; nos preocupa que presidentes de gobierno consulten astrólogos; que pulseras mágicas declaradas oficialmente fraudulentas sean portadas por ministros de sanidad y constituyan el regalo más vendido de las últimas navidades; que cada vez haya más ciudadanos que crean firmemente que las vacunas son tóxicas y nefastas para la salud; que aumente el número de enfermos que abandonan el tratamiento médico para abrazar alternativas esotéricas; nos preocupa muy seriamente que gran parte de la población vuelva a confiar más en los curanderos que en la medicina científica.

Nos preocupa que la Universidad pueda convertirse en un mercadillo que de cabida a cualquier alternativa irracional al conocimiento científico. Sólo una mal entendida apertura de mentalidad puede justificar que se enseñe alquimia en las Facultades de Química, ufología en las de Física o el diluvio universal en las de Historia. Ofrecer el foro universitario a las pseudociencias, en igualdad de condiciones con el conocimiento racional, no se traduce en ningún enriquecimiento cultural, sino en una validación universitaria de la superstición y la charlatanería. Difícilmente podremos educar a nuestros hijos sobre la inexistencia de bases empíricas en la predicción astrológica si van a encontrar en el campus universitario cursos de postgrado en astrología.

Reza una de las máximas en ciencia que la razón no debe aceptar algo como cierto sólo porque lo afirme mucha gente o porque lo suscriban personajes importantes, y que siempre es necesario detenerse ante cualquier afirmación y dudar sobre si es o no cierta. Esto obliga a actuar mucho más despacio, a sopesar cuidadosamente las opciones, a avanzar con cautela ante cualquier tipo de propuesta. Y esta es una de las cosas que creemos firmemente que debe enseñarse en las universidades.

Por todo ello, nos preocupa que la Universidad de cabida a cursos sobre acupuntura, a conferencias sobre creacionismo, a seminarios sobre astrología y a cátedras sobre homeopatía. Nos preocupa especialmente si no se enfocan como un debate crítico y un análisis racional, sino con un presupuesto de funcionalidad y validación científica de los que no sólo carecen, sino que están en frontal oposición al espíritu crítico universitario.

En el caso concreto de la homeopatía, aunque de igual aplicación para el resto de pseudociencias, no se ha demostrado científicamente ni su fundamento teórico (que contradice nuestros conocimientos sobre química y medicina más elementales), ni su efectividad más allá de un placebo. Décadas atrás, se destinaron importantes estudios a buscar una posible base en los postulados homeopáticos, los cuales no han variado significativamente en doscientos años, base que jamás se encontró.

Nos resulta extremadamente paradójico que mientras gobiernos europeos retiran fondos y apoyos estatales a la práctica homeopática, en España se instauren cátedras dentro de las universidades públicas. El aval que esto supone, sitúa a la homeopatía, a la astrología o al espiritismo dentro de la categoría de disciplinas universitarias; máxime cuando no nos encontramos exclusivamente ante una actividad de investigación sobre un fenómeno dudoso, sino ante una institucionalización dirigida a la formación y divulgación de estos postulados.

Consideramos por último, que si bien está justificado profundizar y destinar fondos a cualquier aspecto que pueda ser investigado, la especial situación económica actual convierte la inversión de esfuerzo y medios en este tipo de disciplinas totalmente desacreditadas en un acto de puro despilfarro de recursos, que podrían emplearse en líneas de investigación y docencia muchísimo más prioritarias.

Las personas que desde distintos estamentos y colectivos de la sociedad suscribimos este manifiesto, deseamos llamar la atención sobre este importante aspecto al conjunto de la población y, especialmente, a las autoridades académicas y gubernativas, confiando en que la razón acabe imponiéndose sobre la superstición y el oscurantismo.

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Para firmar el documento, podéis hacerlo en el siguiente enlace, simplemente tenéis que introducir un nombre y vuestro e-mail, nada más. Yo ya lo he hecho.
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Efecto Forer, el verdadero mecanismo de la astrología

La astrología es, sin lugar a dudas, una de las pseudociencias más extendidas en nuestros días. En cualquier periódico se puede encontrar el horóscopo del día y seguro que la mayoría de nosotros sabemos cuál es nuestro signo del zodíaco. Básicamente, la astrología intenta conocer y predecir el destino de las personas basándose en la posición y el movimiento de los astros. Por supuesto, la astrología carece de cualquier base científica y está considerada como una pseudociencia.

Sin embargo, es muy fácil encontrar gente que cree en su horóscopo y que se toma en serio la astrología. ¿Por qué? Aunque a primera vista parezca algo difícil de entender, el psicólogo Bertram Forer desarrolló y comprobó una teoría que explicaba la gran popularidad de la que gozan los horóscopos.

El efecto Forer (teoría)

Básicamente, podemos resumir esta teoría en una sola línea: Cualquier individuo tiende a aceptar descripciones generales como si fueran exclusivamente suyas. Es decir, transformamos una descripción vaga y confusa en una descripción única que parece estar hecha para cada uno en especial.

Por ejemplo, imaginemos que el horóscopo de hoy dice: "Te sentirás cansado en el trabajo, pero si te esfuerzas te encontrarás ampliamente satisfecho"... Es una descripción que perfectamente podemos tomar como "nuestra", porque ¿quién no se cansa de trabajar? ¿y quién no se siente satisfecho tras haber cumplido sus objetivos? Todos nos sentiremos reflejados y tenderemos a pensar que realmente es algo hecho para nosotros. Nada más lejos de la realidad. Esa descripción simplemente es algo lo suficientemente ambiguo como para que todo el mundo lo pueda tomar como suyo.

Pero, además, este efecto se acentúa cuando una descripción sobre nosotros mismos nos dice algo bueno. Por ejemplo: "A veces te muestras agresivo con tus compañeros, pero en realidad tienes un gran sentido de la amistad"... Nuevamente, ¿quién no se sentirá reflejado aquí? Como la descripción está ofreciéndonos una característica agradable y buena de nosotros, tenderemos a creerla aún más, y si es necesario acabaremos auto-convenciéndonos para que nuestra personalidad se corresponda con el perfil.

Además de las descripciones positivas, también hay más aspectos que potencian el efecto Forer. Por ejemplo, creeremos más en una descripción "individual" que en una general. ¿Qué quiere decir esto? Que si vamos a una echadora de cartas a que nos lea el horóscopo, creeremos mucho más su descripción que si la hubiéramos leído en un periódico. De nuevo, es el efecto de creer que está hecho para cada uno en especial, esta vez potenciado por la experiencia de sentir realmente que esa predicción no va a llegar a oídos de nadie más que a uno mismo.

Otro aspecto que también lo potencia es la autoridad del evaluador. Es decir, si nos dice el horóscopo un astrólogo "profesional" lo creeremos con más intensidad que si nos lo dice nuestro vecino, por ejemplo. La causa es evidente, crea la ilusión de que para preparar un horóscopo se necesita práctica y que no es ningún juego.

El efecto Forer (Práctica)

Todo lo anteriormente comentado no son simples hipótesis propuestas por un audaz psicólogo. Están demostradas con numerosos experimentos, el más famoso de ellos llevado a cabo por el mismo Bertram Forer.

En 1948, Forer le propuso un experimento a sus alumnos: Ellos debían de hacer un test de personalidad y, a partir de sus respuestas, les haría un perfil psicológico a cada uno. Cuando los alumnos le entregaron sus tests, Forer se fue, estudió los resultados y trajo un análisis para cada alumno mostrando sus características psicológicas. Entonces, les dijo que calificaran los resultados en una escala del 1 al 5: Si el profesor había acertado con la descripción, le darían un 5/5, pero si había fallado podían ponerle un 0.

¿Cuál fue la media? Un sorprendente 4.26. Quizás no fuera tan sorprendente, al fin y al cabo Forer era un gran psicólogo y tenía experiencia en estas cosas... Aunque quizás sí fuera estremecedor el hecho de que les había dado el mismo análisis a todos los alumnos. ¡Forer no había mirado ni siquiera los tests de personalidad! ¡Había hecho la descripción psicológica antes de que sus alumnos empezaran a responder al test y le había dado la misma a cada uno!

La descripción que usó Bertram Forer fue la siguiente:

Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad, generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que no has aprovechado. Disciplinado y controlado hacia afuera, tiendes a ser preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente; y de no aceptar las afirmaciones de los otros sin pruebas suficientes. Pero encuentras poco sabio el ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido, afable, y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser bastante irrealistas.

Forer no cambió ni una sola coma en los análisis que les dio a cada uno de los chicos. Así es como funcionan los horóscopos, dando descripciones vagas que todo el mundo puede tomar como personales. De hecho, la descripción que hizo Forer no la escribió él: Sacó las frases de distintos horóscopos que había recopilado.

Desde ese día, el experimento se ha repetido cientos de veces con diferentes tipos de personas y el resultado es el mismo una y otra vez: De media, los resultados de la evaluación rondan el 4'2 en todas las ocasiones. Prueba más que suficiente para concluir que los horóscopos son un simple engaño.

Y, como no podía ser de otra forma, termino el artículo con una aportación del magnífico Carl Sagan en su serie documental "Cosmos":



Fuentes

Efecto Forer - Wikipedia
Efecto Forer (Efecto Barnum y Validación Subjetiva) - La habitación cerrada
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Buscando lo imposible en el espacio (última parte) Los Canales Marcianos

De forma tradicional, Marte siempre se ha visto como un planeta desierto, un lugar sin agua líquida en el que todo está seco y lleno de arena, como si fuera un desierto terrestre. De hecho, tres cuartas partes de su superficie son regiones de un color anaranjado y brillante formado por piedras y arena.

Pero, ¿y si en realidad todo ello era producto de una sequía reciente? ¿por qué no podría estar el planeta habitado por marcianos que han agotado sus reservas de agua con el paso del tiempo? Eso es lo que pensaban los creadores y seguidores del mito de "los canales marcianos".

Los canales marcianos

Todo empezó en 1877, cuando un astrónomo italiano llamado Giovanni Schiaparelli creyó ver unas extrañas líneas alrededor de Marte. Estaba perplejo frente a lo que veía con su telescopio, pero sin embargo allí estaba: Una especie de surcos rectos figuraban en la superficie del planeta sin motivo aparente. Giovanni apuntó rápidamente su nuevo descubrimiento y los llamó "canali". Esta palabra italiana puede significar tanto conductos naturales como artificiales. El astrónomo no dio ninguna opinión sobre su naturaleza, únicamente se limitó a decir que una especie de surcos rodeaban la superficie marciana.

Sin embargo, cuando el estadounidense Percival Lowell se encargó de investigar el asunto, directamente los clasificó como canales de origen extraterrestre, descartaba cualquier posibilidad de origen natural. Alguna civilización inteligente y avanzada debería estar moldeando el planeta a su gusto.

Este aficionado a la astronomía estadounidense dedicó buena parte de su tiempo a estudiar estas supuestas pruebas de vida extraterrestre. Después de años explorando el planeta, Lowell elaboró unos mapas con la situación de los canales que él había observado. Para reforzar sus teorías, publicó tres libros dedicados a este descubrimiento de proporciones épicas, Mars en 1895, Mars and Its Canals en 1906, y Mars As the Abode of Life en 1908.

Pero Lowell no se quedó ahí. Al mismo tiempo que presentaba sus mapas, aportó su punto de vista sobre su extraña construcción. Según sus teorías, Marte había estado habitado en tiempos pasados por una floreciente civilización. Con el paso del tiempo, el planeta había empezado a carecer de agua, el auge de esa civilización se estaba esfumando con los ríos y océanos que debían de poblar Marte hace cientos de años.

Ahora, el planeta rojo estaba habitado por una civilización decadente y moribunda, que desesperada por recuperar la fertilidad en el planeta había puesto en marcha un plan fantástico: Crear unos grandes canales que transportaran el agua desde los polos (donde todavía quedaban reservas) hacia el ecuador, donde se daba la mayor sequía.

Efectivamente, para Lowell esos canales eran un método para transportar agua desde los polos hasta el ecuador, era la última oportunidad para repoblar el planeta, los marcianos debían de estar desesperados. Aunque parezca una teoría muy fantasiosa y difícilmente creíble, en esa época despertó furor entre toda la población, especialmente en los astrónomos y aficionados, quienes corrieron a sus telescopios para intentar observar esas maravillas tecnológicas.

Con la popularización de la teoría, algunos astrónomos empezaron a darle la razón y dijeron que ellos también estaban trazando sus propios mapas con los canales. Sin embargo, algunos extraños sucesos empezaron a suceder entre la comunidad científica: Los mapas trazados por los diferentes astrónomos no coincidían, eran diferentes unos de otros. También hay que destacar que la gran mayoría de los astrónomos directamente no creyeron en estas teorías y nunca llegaron a ver canales en Marte.

¿Cómo se puede explicar esto? Porque, evidentemente, esos canales no eran más que una mezcla de escasez tecnológica y mucha imaginación. Me explico: Los telescopios que se usaron para explorar todos estos canales eran unos aparatos bastante mediocres comparándolos con la tecnología actual. Las lentes de estos aparatos sufrían imperfecciones con frecuencia, así como pequeños arañazos o cualquier rozadura. Combinando todas estas imperfecciones tecnológicas con mucha imaginación y ganas de ver algo extraño en Marte, inevitablemente nos encontraremos con supuestos canales que cambian de lugar según quién los mire.

También hay que destacar que junto a esos dos factores, uno que también tuvo importancia fue la existencia de canales y fracturas geológicas de origen natural. Por supuesto, estas fracturas no eran tan abundantes y su origen era exclusivamente natural. Por ejemplo, por destacar algunos de estos canales, tenemos el Valle Marineris, una fractura geológica de 4.000 kilómetros de longitud y hasta 7 de profundidad.

Como ya supondréis, esta teoría se desmoronó por sí sola con el avance tecnológico y la mejora de los telescopios, que enseguida demostraron que ningún canal artificial poblaba el planeta. De nuevo, el afán por encontrar cosas extraordinarias llevó a la mente humana a ver cosas que realmente no estaban allí.

De todas formas, sería bueno mencionar que ya en el año 1907, el naturalista Alfred Russel Wallace publicó en su libro Is Mars Habitable? la prueba de que los canales eran falsos. En este libro se explicaba que la temperatura y la presión atmósferica de Marte eran demasiado débiles para permitir la presencia de agua líquida. Es especialmente loable esta demostración científica, ya que desmontaba el mito sin necesidad de echar mano a los telescopios.

NOTA: Los mapas que he adjuntado a esta entrada se pueden ver en mayor tamaño en sus respectivas fuentes, las cuales cito bajo estas líneas.

Fuentes

Canales marcianos - Alt64
Canales marcianos - La Cartoteca
1ª imagen
2ª imagen
3ª imagen
4ª imagen
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Buscando lo imposible en el espacio: La cara de Marte

Hace unos días, en esta entrada, os mostraba el nuevo mapa que la NASA ha puesto a nuestra disposición para que exploremos Marte por nuestra cuenta. He de reconocer que la idea de poder ver con tanto detalle la superficie del planeta me dejó asombrado, y desde esa entrada no ha pasado un día sin que revise el mapa. Buscando algunos de los lugares más emblemáticos sobre los que podría buscar, me di cuenta de la gran cantidad de mitos que han alimentado la ufología y la creencia de que hay extraterrestres en sitios como Marte o la Luna. A raíz de esas exploraciones personales me encontré con dos de los más famosos mitos relacionados con el planeta rojo: "La cara de Marte" y "los canales marcianos". Entre hoy y la próxima entrada publicaré un par de artículos explicando estas falsas "obras de ingeniería marciana".

En los dos artículos que compondrán esta mini-serie, mostraremos el mito en cuestión, lo analizaremos y, por supuesto, demostraremos porqué es falso. También añadiré imágenes sobre el mito, ya que la mejor base para desmontarlo se basa en fotos de mayor calidad.

En los casos mencionados, los supuestos extraterrestres son seres inteligentes con capacidad para construir enormes infraestructuras, por lo que desmontar estos mitos es bastante fácil en cuanto avanza la tecnología y se reciben mejores fotos. Aún así, viene bien recordarlos, para evitar caer en el fallo.

Sin más dilación, comenzamos hoy con un mito que causó furor en la época de su descubrimiento, "La Cara de Marte".

La Cara de Marte

Corría el año 1976 cuando la sonda Viking 1 llegaba al planeta rojo. Esta sonda estaba compuesta por un conjunto de dos diferentes, una encargada a explorar Marte desde su superficie y otra encargada de explorarlo desde su órbita, recogiendo fotos. Esta última, conocida como Viking Orbiter I, tomó el 25 de julio de 1976 unas fotografías impactantes que reavivarían durante décadas la discusión sobre la vida marciana.

Estas polémicas capturas mostraban en detalle una región marciana conocida como Cydonia Mensae, situada en las coordenadas 33º norte y 13º oeste. ¿Y qué tenían de especial? Comprobadlo por vosotros mismos en la siguiente imagen:


Efectivamente, esa fotografía parecía mostrar una siniestra cara esculpida en el suelo marciano. Las interpretaciones ufólogas no tardaron en aparecer: Indudablemente, esto debería de ser una especie de monumento, una construcción extraterrestre. Al fin y al cabo, el ser humano ya ha retratado su cara sobre la Tierra, ¿por qué no iban a hacer lo mismo los extraterrestres? A falta de más pruebas, esta interpretación se hizo una de las más populares. Hay quien decía que los marcianos habían vivido en Marte hace miles de años, y esa cara era un resto de esa brillante civilización. Otros decían que era imposible que hubiera vida en Marte, pero sí que era posible que una civilización mucho más avanzada hubiera parado allí en mitad de un viaje interestelar y hubiera dejado allí esa figura a modo de estación espacial.

Este "monumento" medía 3 kilómetros de largo y 1'5 kilómetros de ancho, y su fotografía fue tomada a 1.873 kilómetros de altura. Lo que parecía ser la nariz sobresale de la figura, al mismo tiempo que los ojos parecen estar algo más hundidos. ¿Quién la habría esculpido? Desde los marcianos hasta una civilación lejana que pasó por Marte en su largo trayecto, todo tipo de afirmaciones se crearon a partir de esta imagen.

Desde un primer momento, los científicos lucharon contra estas interpretaciones, asegurando de que se trataba de una simple formación geológica. Una simple meseta con formaciones rocosas en su superficie creaba la ilusión de una cara (fenómeno que se conoce como pareidolia). Carl Sagan, en su libro "El mundo y sus demonios", mostró su opinión respecto al tema:

"Esas figuras merecen mayor atención con mayor resolución. Seguramente, unas fotos mucho más detalladas de la cara resolverán dudas acerca de la simetría y ayudarán a esclarecer el debate entre geología y escultura monumental"

Sería necesario esperar algunos años más hasta que el deseo de Sagan se cumpliera, pero hasta entonces esta misteriosa cara siguió alimentando numerosas leyendas y fantasías sobre la vida más allá de la Tierra.

Finalmente, en el año 2007 la cámara HiRISE (una potentísima cámara de 65 kg y coste de 40 millones de dólares) de la nave Mars Reconnaissance Orbiter volvió a fotografiar la zona con tecnología moderna y avanzada. Era la misma zona, la misma cara, pero diferente tecnología. La conclusión es evidente: La cara de Marte no era más que una simple meseta que, por distintos factores como la luz o sus salientes, se asemejaba a una cara humana.

Tomada desde 300 kilómetros de altura, la nueva fotografía desmiente el mito y demuestra que es un simple accidente geológico como cualquier otro. Bajo estas líneas tenéis al asesino del mito, una foto detallada y con todo lujo de detalles sobre la ya inolvidable cara de Marte. Si alguien sigue viendo alguna facción humana en este trozo de roca, directamente está obsesionado con buscar lo imposible en el espacio.


Si alguien quiere seguir investigando un poco más esta formación rocosa, en este enlace tenéis una bonita animación en 3D que rodea todos sus rincones.

Para el próximo artículo, los canales marcianos.
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